Estuvo preso 787 días y lo absolvieron porque actuó en defensa propia

04/06/2019 Judiciales

Mariano Williams (33) pasó dos años, un mes y 26 días tras las rejas por un crimen que no cometió. Así lo entendió ayer el Tribunal Penal Uno de Oberá al absolverlo de los delitos de homicidio simple y lesiones leves por haber obrado en legítima defensa propia y de su hermano Raimundo Williams.

Al escuchar la sentencia que ordenó su inmediata libertad, Williams rompió en llanto y abrazó agradecido a la defensora oficial María Graciela Abdolatif, que los asistió con profesionalismo.

El imputado llegó a juicio acusado de asesinar de un corte en el cuello a Horacio Silveira y lesionar al hermano de éste, Miguel Ángel Silveira. “Fueron dos años y dos meses que pasé muy triste. Lo peor que me pasó en mi vida. Algunos me decían que me iba a pudrir en la cárcel y me sentía mal porque era injusto. Nunca quise lastimar a propósito a nadie. Esa noche sólo me defendí, si no ellos nos iban a matar a mi hermano y a mí”, subrayó emocionado tras el veredicto.

Paladeando de a poco la satisfacción de volver a ser un hombre libre, Williams charló con El Territorio en la sala de debates y lamentó el deceso de Horacio Silveira, con quien “éramos vecinos y no teníamos problemas. Pero ese día él y el hermano estaban muy tomados, Miguel Ángel me reclamó una deuda que no existía y después nos quisieron lastimar a mi hermano y a mí. Por eso pasó todo”.

Al respecto, los exámenes de rigor determinaron que la víctima tenía 1,52 de alcohol en sangre, mientras que el test del acusado dio negativo. Incluso, el policía a cargo del destacamento local afirmó que los Silveira eran conocidos por su agresividad cuando bebían.

Temor a la venganza Más allá de la alegría por la absolución, Williams reconoció que teme por algún tipo de represalia por parte de los familiares del fallecido, puesto que luego del hecho denunciaron amenazas a otros integrantes de su familia. Por ello, comentó que por el momento se instalaría en otra localidad.

“Nuestra familia es muy unida y todos vivimos cerca, por eso no quiero que mi presencia despierte el rencor de los otros. No es fácil todo lo que me pasó, primero estar preso y ahora tener miedo de que me hagan algo”, alertó.

Sobre el día del hecho, contó que el 8 de abril del 2017 estuvo limpiando una plantación de eucaliptos -por eso tenía un machete- y luego pasó por la casa de su hermana Selva, a quien le comentó que iría a ofrecer unos postes a un vecino. Aprovechando que viven cerca, su hermana le pidió que compre aspirinetas para sus hijos.

Alrededor de las 17 se dirigió al bar de Héctor “Nene” Werfel para comprar el medicamento y se encontró con su hermano Raimundo, que fue a comprar cigarrillos. Dicha coartada fue avalada por el dueño del bar.

En un momento vieron que pasó el auto de los Silveira, quienes regresaron y entraron al comercio. Miguel Ángel comenzó a reclamarle una supuesta deuda y luego quiso sacarle su moto, por lo que Mariano le pidió a su hermano que vaya al destacamento policial.

Los Silveira se molestaron más y fueron tras Raimundo, a quien le cerraron el paso y lo hicieron caer con la moto. Mariano llegó atrás y defendió a su hermano, con el conocido desenlace.

Alegatos En su alegato, la defensora oficial Abdolatif expresó que no quedaron dudas de que Williams actuó en legítima defensa propia y de su hermano. Citó las contradicciones de Miguel Ángel Silveira respecto a los dichos de los testigos del bar y de la paradita de colectivos que vieron cuando los Silveira le cerraron el camino a Raimundo, que quedó atrapado en un barranco.

También mencionó el carácter violento de los Silveira cuando consumían alcohol y que ese día los vieron borrachos. Hizo hincapié en el buen concepto de los Williams, ambos analfabetos pero reconocidos como honestos y trabajadores.

“En esta sala ni el imputado ni su hermano supieron decir cuántos años tienen ni su fecha de cumpleaños, posiblemente porque nunca se los festejaron”, subrayó la defensora, que solicitó la absolución.

Por su parte, la fiscal Estela Salguero reconoció que “realmente a estas alturas tengo serias dudas de si Williams se defendió y defendió a su hermano o no hubo defensa”.

Enumeró dudas respecto al lugar del hecho, si los Silveira fueron o no al bar de Werfel y si Mariano Williams portaba o no un machete desde temprano.

También dudó de que los Silveira hayan parado el auto porque tuvo un desperfecto o porque le cerraron el paso a Raimundo Williams. “Percibí enormes dudas que según el Código Penal favorecen al reo. No me queda otra que pedir la absolución de Williams”, indicó.

Nervios y dudas De seis testigos que se presentaron en las dos audiencias, cuatro avalaron los dichos de los hermanos Williams. El único discordante fue el hermano de la víctima, quien no sólo fue testigo directo del hecho, sino que habría propiciado la discusión con el acusado.

Ante el Tribunal, Miguel Ángel Silveira se mostró muy nervioso y dubitativo para responder, se victimizó permanentemente e incurrió en contradicciones.

Dijo que esa tarde fueron a ofrecer pescados, su hermano manejaba y en un momento dado pararon el auto para orinar. Se bajó y en segundos su hermano le dijo que lo cortaron, aunque el testigo no vio el ataque.

También indicó que lo golpearon, pero tampoco vio cuál de los Williams fue el agresor.

A medidas que lo indagaban fue cambiando su declaración. Agregó que bajó a revisar el bidón de nafta y que los Williams llegaron en moto porque escuchó el ruido, pero no vio cuando llegaron.

Señaló que llegaron al bar de Werfel sólo para levantar pedidos de pescado, pero que no compraron cervezas ni jugaron al pool, contrariamente a lo que señalaron el propietario y otros clientes. También dijo que ni siquiera vio a los Williams en el bar.

“Dios me sacó de adentro del cajón”, dijo. En realidad sólo padeció lesiones leves, tal como consta en el certificado médico.

Antes de retirarse, se dirigió al imputado: “Le perdono, porque si no Dios no me va a perdonar a mí. Ahora está en sus manos (manifestó a los jueces) qué hacer con él o conmigo”, como si en realidad estuviera pidiendo perdón.

Foto: Luciano Ferreyra


Autor: Daniel Villamea, Corresponsalía Oberá - El Territorio

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