Un sistema tributario que está matando a los emprendedores y a las pymes

05/10/2019 Opinion

Principales generadoras de empleo en la Argentina, motor de la economía, impulsoras del desarrollo. Son frases que estamos acostumbrados a escuchar, y no por eso pierden validez: el impacto económico y social de las pymes en el país quedó demostrado con creces en reiteradas ocasiones. Representan el 44% del PBI nacional, generan oportunidades y valor agregado, es cierto. Desde todos los sectores debemos trabajar para que cada año crezca el número y para que la tasa de supervivencia sea cada vez más alta.

Valoradas como actor clave, en los últimos años pudieron hacerse un lugar importante en la agenda mediática y política. Un claro ejemplo de esto son los recientes anuncios del presidente en Córdoba o la sanción de la Ley de Emprendedores, que permite crear empresas en un día desde hace dos años. Pero esta visibilidad también corrió la alfombra y expuso las problemáticas a las que se enfrentan. Y, más importante aún, expuso aquellas cuestiones que limitan su competitividad.

La fuerte presión tributaria, las altas tasas de inflación y de interés y la volatilidad en el tipo de cambio son los temas más preocupantes según datos del último informe de PwC sobre las expectativas de las pymes en la Argentina durante 2019. A su vez, la publicación enumera la caída en los indicadores de consumo, los altos costos de producción -influenciados por la suba de las tarifas de los servicios públicos- y el incremento en la morosidad de los clientes como otros escollos presentes en el camino emprendedor.

No son ninguna novedad. Todos sabemos que los primeros años de un emprendedor son difíciles tan solo por el hecho de tener que generar un producto o servicio para el que exista demanda; pero el camino se hace bastante cuesta arriba si a eso se le suma la presión impositiva y las cargas laborales.

Un emprendedor no tiene la espalda de una empresa consolidada y, sin embargo, hoy ambos tienen las mismas obligaciones tributarias. Por su propia naturaleza, necesita un esquema que lo acompañe, le de aire y lo ayude a crecer de manera competitiva y escalable. Que le dé el espacio suficiente para que pueda concentrarse en aumentar su productividad, en ofrecer el mejor producto o servicio posible. Que le dé lugar para no tener que estar pensando en cuántos días al mes tiene que trabajar solo para pagar impuestos.

En este sentido, es fundamental avanzar hacia una mayor coherencia fiscal y tributaria. Por un lado, es importante reducir los impuestos provinciales y municipales que resultan distorsivos. Pero, más importante aún, necesitamos trabajar en una estructura que contemple una escala gradual del Impuesto a las Ganancias, donde la alícuota sea baja durante los primeros años de vida del emprendimiento y se incremente de manera progresiva.

Esto fuimos a pedir al Congreso en 2018 junto a todos los bloques y organizaciones del ecosistema emprendedor; y por eso la reciente promesa del Gobierno Nacional de aplicar la tan demandada reducción de Ganancias para las pymes -del 35% al 22%- y ofrecer cada vez más alivio fiscal y beneficios para los monotributistas que ingresan al régimen general resulta esperanzadora. Sin embargo, también hay que ser realistas: en pleno año electoral, las posibilidades de que sea tratada en el Congreso son escasas, de acuerdo a lo que declararon públicamente algunos miembros del Parlamento.

Que un emprendimiento esté gravado de la misma forma que una gran empresa resulta recesivo; y que muchos emprendedores elijan producir y facturar menos para evitar caer en una escala impositiva superior resulta paradójico. A la pregunta de qué podemos hacer para fomentar la productividad de las pymes, la respuesta debe contemplar necesariamente una reforma tributaria. Solo de esta forma el impuesto podrá acompañar el camino de la empresa, que irá pagando más a medida que vaya creciendo hasta llegar a las tasas adecuadas. Le dará, finalmente, la posibilidad de madurar y escalar de manera sostenible.

* El autor es presidente de la Asociación de Emprendedores de Argentina (ASEA). Este artículo contó con la colaboración de Alejandro Ramírez, abogado e integrante del área de Políticas Públicas de ASEA.

Por Ezequiel Calcarami


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