
En la reciente Fiesta de la Yerba Mate y Fin de Cosecha del Alto Uruguay, lo que debía ser un encuentro de celebración y reflexión terminó dejando un sabor amargo entre muchos productores y vecinos. No por la organización, ni por la calidez de los presentes, sino por la ausencia llamativa del intendente de Colonia Aurora, Cali Goring.
En un momento económico y social tan difícil, donde el productor yerbatero necesita más que nunca sentirse acompañado, la falta de compromiso de la máxima autoridad local sorprendió y enojó. Funcionarios y dirigentes viajaron kilómetros desde distintos municipios para estar presentes; sin embargo, el intendente de la localidad anfitriona decidió no asistir.
Los colonos lo dijeron sin rodeos: “Para hablar siempre es el primero, pero cuando se trata de acompañar, nunca está”. Ese desinterés dolió. No es un simple acto protocolar: es un gesto político y humano hacia quienes trabajan la tierra y sostienen con esfuerzo la economía regional.
En las mesas, en las charlas informales y en los pasillos de la fiesta, la pregunta se repitió una y otra vez: ¿cómo es posible que en su propio municipio, en una fiesta que honra a la producción yerbatera, el intendente no haya estado? La respuesta quedó flotando en el aire, mientras crecía la sensación de que los productores quedaron solos en una batalla que exige presencia, gestión y cercanía.
En política, los gestos valen tanto como las palabras. Y la ausencia de Cali Goring fue un gesto claro: la distancia entre el municipio y los colonos se profundiza en el momento menos oportuno.
(RMM)