
La industria argentina opera por debajo del 60% de su capacidad instalada
La industria profundizó su estancamiento, operó a niveles críticos en noviembre y enfrentó una pérdida inédita de rentabilidad en un contexto recesivo.
La industria argentina atravesó en noviembre de 2025 uno de sus momentos más delicados de los últimos años. Según datos oficiales del INDEC, la Utilización de la Capacidad Instalada se ubicó en 57,7%, el nivel más bajo desde marzo. El registro implicó una caída de casi cinco puntos frente al mismo mes del año anterior, cuando alcanzaba 62,3%.
El dato confirmó que el rebote económico esperado para el segundo semestre no llegó. En cambio, la actividad ingresó en una meseta recesiva que afecta de manera directa a la rentabilidad fabril. En los despachos industriales coincidieron en el diagnóstico: sin consumo interno y con apertura comercial agresiva, las empresas sostuvieron la producción sacrificando márgenes.
El informe del organismo estadístico expuso una fractura clara en el tejido productivo. Mientras la refinación del petróleo operó al 86,5%, impulsada por la dinámica exportadora de Vaca Muerta, otros sectores clave mostraron desempeños críticos. Las actividades intensivas en mano de obra quedaron entre las más afectadas.
La metalmecánica, excluida la industria automotriz, perforó el piso del 40% y operó al 39,9%. En paralelo, la industria automotriz retrocedió al 46,3%, condicionada por la menor demanda local y el avance de la competencia importada. Ambos sectores reflejaron el deterioro del mercado interno.
“Es un combo de políticas económicas que perjudican en gran medida a la industria”, sentenció Mariano Kestelboim en diálogo con PERFIL. El economista explicó que la caída respondió a una lógica de modelo. “Se está comprimiendo el consumo interno, que es lo que abastece fundamentalmente la industria nacional. A eso sumale la apertura comercial, el atraso cambiario y un costo del crédito que sigue siendo muy alto”.
Kestelboim ubicó el fenómeno en perspectiva histórica. “Son los registros más bajos de la historia nacional. El único período peor fue la pandemia, una situación absolutamente atípica. Sacando pandemia y guerras, es el peor registro para la industria nacional”.
Entre los industriales, el clima combinó resignación y alerta. Fuentes empresarias describieron una actividad “muy planchada” desde fines de 2024, con caídas visibles del empleo formal en rubros como calzado e indumentaria. Además, advirtieron sobre un problema estructural: la desconexión entre importaciones y producción local.
“Si comparás los niveles actuales contra 2017, un año de buen dinamismo macro y sin cepo, la producción está por debajo, pero las importaciones muy por arriba”, explicó una fuente del sector. En el caso de las pymes, el escenario resultó aún más adverso por el sobrestock de productos terminados importados.
“Le están pegando tanto a las empresas que, con tal de vender, bajan sus márgenes a cero. Seguramente van a desaparecer centenares de empresas en los próximos meses”, alertó un empresario del rubro consumo.
Aunque el Gobierno apostó al crédito como motor de reactivación, el sector productivo mostró escepticismo. “El consumo está planchado y hay mucha pelea por el margen. Los niveles de ingresos están complicados”, explicó un economista industrial.
El caso más dramático fue el de la industria textil. En noviembre operó apenas al 29,2% de su capacidad, frente al 48,2% del mismo mes del año anterior. Siete de cada diez máquinas permanecieron paradas.
“El Gobierno tomó una decisión: que esta industria no es viable y que es mucho más barato lo que viene de China”, afirmó el dueño de una reconocida marca nacional. El empresario cuestionó la baja de aranceles y la competencia de plataformas digitales. “Nos enfrentamos a ventas online que ingresan productos sin ningún tipo de arancel”.
El sector también denunció una fuerte presión impositiva. “Pagamos Ingresos Brutos e Impuesto al Cheque en cascada. No han equilibrado la cancha”, señaló. En términos financieros, la situación fue crítica: los precios de la ropa subieron solo un 15% interanual frente a una inflación del 31%.
El malestar también tuvo un costado geopolítico. “Trump está por prohibir los autos chinos y acá dejaron entrar 50.000 eléctricos sin arancel”, compararon desde el sector. Para los industriales, el modelo priorizó precios bajos a cualquier costo, incluso a costa del entramado productivo nacional.