
Pese a la derrota en el suplementario de la final del Mundial ante España, El Soberbio sostuvo el aliento a la Scaloneta
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El planeta futbolístico fijó su atención en el MetLife Stadium de Meadowlands ante la definición del torneo de Estados Unidos, México y Canadá. La Selección Argentina buscó el bicampeonato mundial tras un extenuante fixture que sumó los triunfos ante Argelia, Austria y Jordania en la fase de grupos. La exigencia física escaló en las llaves de eliminación directa con los cruces ante Cabo Verde en dieciseisavos, Egipto en octavos y Suiza en cuartos de final. La semifinal ante Inglaterra y el gol agónico de Lautaro Martínez en el minuto 92 sellaron el pase al duelo decisivo frente a España, un rival cuyo bloque defensivo recibió un solo tanto en el certamen tras eliminar a Austria, Portugal, Bélgica y Francia.
En este rincón oriental de Misiones, una tierra con herencia de jangaderos brasileños, mensúes y antiguos rozados de tabaco, la expectativa congeló la rutina rural. El ochenta por ciento de la población, disperso en las chacras donde crecen las plantaciones de esencias aromáticas y pino, interrumpió las tareas agrarias. Las radios, que habitualmente sintonizan las emisoras del vecino país y confunden el idioma en un portuñol cotidiano, se unieron en la transmisión nacional que retumbaba en los locales de espetinhos. La calma habitual de las avenidas Arturo Henn y Otto Degener, donde estuvo el primer almacén de ramos generales, trocó en una tensión insoportable que transformó la final en una guerra del fin del mundo en pleno centro de El Soberbio.
El pitazo final en Nueva Jersey rompió de inmediato el dique de la contención. La tensión acumulada durante la previa dio paso a una hecatombe de euforia simultánea que vació los espetinhos y empujó a las masas hacia la vía pública. El asfalto de las avenidas céntricas se convirtió en un hervidero de banderas celestes y blancas, bombos y bocinazos que anularon la parálisis anterior. La celebración salvaje unificó la alegría desbordante de la gurisada y de los más grandes también, quienes se fundieron en abrazos eternos para consolidar un desahogo histórico que consagró el bicampeonato mundial de la Selección. (Misiones Online (