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De Campo Viera a Vaca Muerta: la misionera de 27 años que desafía los prejuicios al volante de un gigante de la ruta

Nadia Espíndola superó el rechazo de las empresas locales y se consolidó en un rubro históricamente masculino. Tras un paso clave por el transporte internacional en Brasil, hoy recorre miles de kilómetros mensuales y proyecta su propia flota de camiones.

De Campo Viera a Vaca Muerta: la misionera de 27 años que desafía los prejuicios al volante de un gigante de la ruta

Nadia Espíndola superó el rechazo de las empresas locales y se consolidó en un rubro históricamente masculino. Tras un paso clave por el transporte internacional en Brasil, hoy recorre miles de kilómetros mensuales y proyecta su propia flota de camiones.

A los 27 años, la misionera Nadia Espíndola ya conoce gran parte de Sudamérica desde una perspectiva que pocos tienen: la del parabrisas de un camión. Nacida en Campo Viera, hoy trabaja para una empresa de transportes argentina y pasa la mayor parte de su vida recorriendo las rutas del país, con trayectos extenuantes que van desde Entre Ríos hasta el yacimiento petrolífero de Vaca Muerta. Sin embargo, el camino para consolidarse en el sector no fue sencillo debido a las barreras de género que persisten en la actividad.

La joven conductora recordó las dificultades que enfrentó al buscar sus primeras oportunidades en el país: “Es uno de los rubros más masculinizados del mercado laboral. Después de enfrentar rechazos, prejuicios y la falta de confianza de las empresas locales pude obtener mi primer contrato recién hace tres meses”. Ante la falta de respuestas en Argentina, su inserción profesional se dio en el exterior, donde una firma brasileña le abrió las puertas para realizar transporte internacional por las rutas del Mercosur.

Aquella primera experiencia en el país vecino marcó un antes y un después en su carrera, exigiéndole una rápida adaptación a la vida en la ruta. Nadia fue clara al definir su realidad actual arriba del vehículo: “El camión es mi casa”. En su rutina diaria, la joven se acostumbró a dormir en estaciones de servicio, playas de estacionamiento y aduanas, transformando la cabina de su Scania 420 con batea en un espacio propio y confortable.

La pérdida de su padre a fines de 2023 se convirtió en el punto de quiebre definitivo para vencer las dudas y lanzarse de lleno a la profesión en Brasil. Nadia relató cómo ese dolor la impulsó a presentarse personalmente en la transportista que finalmente la contrató: “Le perdí el miedo a todo. Si había superado eso, sentía que podía enfrentar cualquier cosa”. El mismo día de su ingreso le asignaron un viaje de larga distancia hacia Chile, un desafío que asumió con determinación a pesar de estar en pleno proceso de aprendizaje.

En las playas de carga, la trabajadora se plantó con firmeza para ganar experiencia por sus propios medios. Cuando los operarios intentaban resolver las maniobras por ella, su respuesta era tajante: “Les dije que no. Que quería aprender. No me importaba demorar una hora. No tengo vergüenza. Quiero aprender”. Esa constancia le permitió dominar el oficio y ganarse el respeto en los distintos puntos de carga y descarga de la región.

El sacrificio de la distancia y el sueño de la flota propia

Actualmente, los choferes del sector logístico que prestan servicios para la industria petrolera enfrentan jornadas de hasta 12 horas diarias de manejo. Espíndola recorre entre 16.000 y 20.000 kilómetros mensuales transportando arena y piedras desde Ibicuy hasta Añelo. A pesar del desgaste físico, la conductora valora el esquema de francos que le permite regresar a Misiones: “Por cada mes trabajado me dan 5 días libres. Eso me posibilita organizar mis tiempos y pasar más días con ellos”.

El plano económico representa un gran incentivo para sostener el esfuerzo diario en la cabina, especialmente en comparación con sus ocupaciones anteriores en el sector gastronómico y de servicios domésticos. La misionera reconoció el impacto de este cambio en sus ingresos: “Gano tres veces más que en mi anterior trabajo, cuando trabajaba en gastronomía”.

A pesar de la estabilidad financiera, la trabajadora no oculta el costo personal que pagan quienes deciden vivir sobre el asfalto, alejados de sus afectos durante semanas enteras.

Y cerró con una reflexión sobre los límites de la profesión:

“Te perdés las fiestas, cumpleaños, todo. No hay planes. Es solamente el camión y tu compañía es el celular. Las relaciones sociales son virtuales”.

Con la mirada puesta en el futuro, Nadia Espíndola no se conforma con ser empleada en un sector complejo. La joven conductora proyecta su propio camino en la actividad y apunta a convertirse en empresaria del transporte: “Siempre soñé con tener una empresa de transporte y mi propia flota de camiones”.

 

Fuente: Infobae

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