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Dr. Gerardo Vetter | La construcción de la identidad, las máscaras sociales y el impacto de la mirada de los demás

En diálogo con Multimedios Génesis, el Dr. Gerardo Vetter reflexionó sobre la construcción de la identidad, la necesidad de aceptación y las consecuencias de vivir detrás de un personaje para responder a las expectativas de los demás.

Dr. Gerardo Vetter | La construcción de la identidad, las máscaras sociales y el impacto de la mirada de los demás

En diálogo con Multimedios Génesis, el Dr. Gerardo Vetter reflexionó sobre la construcción de la identidad, la necesidad de aceptación y las consecuencias de vivir detrás de un personaje para responder a las expectativas de los demás.

A lo largo de la entrevista, el psicólogo explicó que las personas suelen construir diferentes “máscaras” para adaptarse al entorno, agradar, evitar el rechazo o sentirse aceptadas. Sin embargo, advirtió que cuando existe una distancia demasiado grande entre aquello que se muestra hacia afuera y la identidad interior, puede aparecer un importante desgaste emocional.

La máscara y el personaje que construimos

Vetter tomó como referencia los aportes de Carl Gustav Jung y explicó que las personas pueden desarrollar una especie de personaje para desenvolverse en la vida cotidiana.

“Uno aprende un personaje y vive un personaje y la persona interior por ahí es un poco distinta”, señaló.

Según explicó, esa máscara puede utilizarse para adaptarse, adecuarse a determinadas situaciones o buscar resultados positivos en los vínculos sociales. El problema aparece cuando esa representación exterior se aleja demasiado de lo que la persona realmente siente y piensa.

“Cuanto más distante es el personaje o la máscara exterior para adaptarse con el interior, el verdadero self o la verdadera identidad, más ruido hace”, sostuvo.

El profesional señaló que sostener permanentemente una apariencia implica un gasto de energía psíquica, porque la persona debe mantener una determinada forma de comportarse aun cuando no coincida con su identidad más íntima.

La identidad comienza a construirse desde la infancia

Vetter explicó que la relación entre la identidad y el personaje puede comenzar a desarrollarse durante la infancia, especialmente a partir de los mensajes que reciben los niños de sus padres, docentes y personas cercanas.

Cuando un niño siente que determinados aspectos de su personalidad son rechazados, castigados o cuestionados, puede aprender a modificar su comportamiento para obtener aprobación.

“De chico a mí me dijeron que no tenía que ser así, porque me castigaban, porque me decían cosas feas. Entonces yo aprendí a adaptarme para que a los otros les guste”, explicó.

En contraposición, destacó la importancia de que las familias acompañen el crecimiento con afecto, aceptación y límites.

“Las correcciones o la educación se hacen en la clave del afecto”, afirmó. De esta manera la persona puede aprender, crecer y modificar determinadas conductas sin sentir que debe abandonar su identidad para ser aceptada o querida.

La presión social y la necesidad de agradar

Otro de los ejes de la entrevista fue el impacto de las modas, las tendencias y la búsqueda de aprobación social, especialmente durante la adolescencia.

Vetter sostuvo que la adaptación forma parte de la vida en sociedad, pero advirtió que no debería llevar a una persona a adoptar permanentemente nuevas formas de ser solamente para conseguir aceptación.

“No podés adoptar todas las máscaras y todos los personajes solamente para que te miren bien, para que te hagan el like”, expresó.

En ese sentido, remarcó la importancia de desarrollar una personalidad propia y mantener un equilibrio entre la adaptación al entorno y la conservación de la identidad.

“Tenés que desarrollar tu personalidad propia. No podés desviarte de tu identidad propia demasiado”, sostuvo.

Para el psicólogo, cada persona posee características únicas y tiene algo propio para aportar a la sociedad. Por eso,  la búsqueda permanente de aprobación puede convertirse en un problema cuando lleva a abandonar aquello que identifica a cada individuo.

“Si por ser aceptado y si por recibir un like y si por recibir un aplauso uno se desvía de sí mismo, es complicado”, afirmó.

La mirada de los demás y la aceptación personal

Vetter también se refirió a la influencia que tiene la mirada ajena sobre la autoestima y la manera en que cada persona se percibe. Explicó que existe un intercambio permanente entre lo interno y lo externo: las personas necesitan adaptarse a su entorno, pero también deben poder sentirse cómodas con quienes son.

“No todos te van a rechazar”, señaló al referirse al temor que algunas personas tienen frente a la posibilidad de mostrarse tal como son.

En ese contexto, diferenció las bromas que pueden ser tomadas con humor de aquellas situaciones en las que existe una intención de humillar o agredir.

Según explicó, una persona puede reconciliarse con determinadas características propias cuando logra asumirlas con naturalidad y sin sentir que esas particularidades disminuyen su valor.

Bullying, sensibilidad y violencia

Durante la conversación también se abordó la diferencia entre una broma y una situación de bullying.

Vetter explicó que algunas personas pueden recibir determinados comentarios de manera jocosa y convivir con ellos sin que les generen sufrimiento. Sin embargo, cuando varias personas se unen para humillar, hacer sentir menos o agredir a alguien, la situación adquiere otra dimensión.

“Bullying es cuando se juntan tres o cuatro o cinco para humillar, para hacer sentir a una persona de menos , para agredirlo. Es un acto de violencia”, afirmó.

El profesional destacó que la reacción frente a estas situaciones depende en gran medida de la sensibilidad y de la historia personal de cada individuo.

Algunas personas pueden metabolizar una broma y tomarla con humor, mientras que otras pueden experimentar una fuerte sensación de rechazo incluso ante situaciones que no necesariamente fueron planteadas con esa intención.

Cuando la búsqueda de aceptación genera angustia

Vetter explicó que una necesidad exagerada de aceptación externa puede contribuir a generar diferentes formas de sufrimiento psicológico.

La neurosis y el estrés pueden aparecer, cuando la persona debe sostener constantemente una determinada apariencia y comienza a interpretar como rechazo situaciones que quizás no tienen esa intención. En algunos casos, esa percepción puede llevar a la persona a sentir que todos la cuestionan, se burlan de ella o están en su contra. “Depende de la sensibilidad de cada persona”, explicó.

El profesional señaló que algunas personas llegan al consultorio con elevados niveles de angustia, ansiedad o depresión, y que el abordaje terapéutico permite reconstruir la historia para comprender cuándo y cómo comenzó esa sensación de rechazo.

Desmontar el personaje para reencontrarse con uno mismo

Vetter explicó que el trabajo psicoanalítico busca analizar cómo se construyó ese personaje y cuáles fueron las experiencias que llevaron a la persona a utilizarlo como una forma de protección.

“El psicoanálisis te ayuda con la persona a analizar dónde empezó esto y cómo empezó esto y cómo se fue construyendo su personaje”, sostuvo.

A partir de ese proceso, se busca desmontar progresivamente algunas de esas estructuras, reduciendo el miedo, la culpa y la vergüenza que pueden impedir que la persona se muestre tal como es.

El objetivo, explicó, es lograr una mayor armonía entre el mundo interno y el externo.

“Es un trabajo artesanal, el trabajo de psicoanálisis, de ayudar a la persona a bajar la angustia, a bajar la ansiedad, a superar traumas”, afirmó.

Según describió, ese proceso puede permitir que una persona modifique determinados patrones de conducta, se acepte más a sí misma y descubra que muchas de las críticas que percibía quizás no tenían la dimensión que les había atribuido.

La importancia de detectar el sufrimiento en niños y adolescentes

Hacia el final de la entrevista, Vetter puso especial énfasis en los niños y adolescentes que atraviesan situaciones de rechazo, burlas o bullying. Advirtió que no siempre quienes sufren expresan verbalmente lo que les ocurre. Algunos pueden mostrarse aparentemente tranquilos y “bancarse todo”, mientras acumulan una importante presión emocional.

“Hay que captarlo de chiquito, en la familia, en el barrio, en la escuela”, remarcó.

En ese sentido, señaló que los adultos deben prestar atención a los cambios de comportamiento. El llanto frecuente, llegar mal a casa, distraerse, perder la alegría de compartir o modificar hábitos pueden ser señales de que algo está ocurriendo.

“Si ves a aquel chico que lo va tomando mal porque llora, porque llega mal a la casa y porque ya pierde la alegría de compartir, mamá y papá tienen que darse cuenta de que algo está pasando”, explicó.

El psicólogo también advirtió sobre el riesgo de minimizar estas señales bajo la idea de que un niño es “buenito” porque no responde o soporta las situaciones sin quejarse.

Finalmente, destacó la importancia de que las familias y los entornos cercanos acompañen estos procesos y consulten cuando detecten cambios significativos, ya que aquello que permanece en silencio también puede estar expresando un profundo sufrimiento.

Multimedios Génesis Eldorado | Red de Medios Misiones 

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