
Rubio, Mohana, Yarará y Gala: los caballos de la Policía que refuerzan la seguridad en los barrios de Garupá
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Desde los primeros mates compartidos con peones rurales al amanecer hasta las recorridas por senderos, arroyos y caminos donde no pueden ingresar los patrulleros, la Policía Montada se convirtió en parte de la vida cotidiana de muchos vecinos de Misiones. Una modalidad de prevención que combina la vigilancia territorial con la cercanía y el contacto directo con la comunidad.

Rubio, Mohana, Yarará y Gala son cuatro de los equinos que acompañan a los efectivos policiales en estas tareas. En Garupá, los patrullajes comprenden sectores como los barrios Don Santiago, 110 Viviendas y Altos de González, donde los uniformados recorren calles, espacios verdes y zonas residenciales.
Pero su trabajo va mucho más allá de los barrios. En distintos puntos de la provincia, la Policía Montada cumple funciones preventivas en zonas rurales, inmediaciones de escuelas, chacras y sectores alejados de los cascos urbanos, donde las características del terreno dificultan el acceso de vehículos convencionales.


La capacidad de los caballos para desplazarse por terrenos irregulares, atravesar senderos y llegar a lugares de difícil acceso permite ampliar la presencia policial. Además, la posición elevada del jinete facilita la observación del entorno durante las recorridas.
En las colonias, el encuentro con los trabajadores rurales, una charla junto al alambrado o unos mates compartidos forman parte de ese vínculo cotidiano que permite escuchar inquietudes y conocer las necesidades de seguridad de cada zona.

Estos patrullajes complementan el trabajo de las comisarías y demás unidades operativas de la provincia. Las tareas son desarrolladas por la Dirección Policía Montada, a cargo del comisario Diego Ponce, mediante recorridas preventivas que acercan la presencia policial a los lugares donde también transcurre la vida de los misioneros.