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Condenaron a prisión perpetua a “Gaby” Leal por el asesinato a puñaladas de Pablo Fraire

En algún lugar, aferrada a la foto de su hijo, Teresita Boldú debe estar celebrando. El castigo que siempre pidió por el atroz crimen de su hijo Pablo Antonio Fraire (28) llegó el viernes por la tarde luego de un juicio que demandó nueve audiencias y 25 testigos. El Tribunal Penal Dos condenó por unanimidad a prisión perpetua a Gabriel Cristóbal Leal (43).

Policiales 17 de octubre de 2020 Redaccion Multimedios Genesis Redaccion Multimedios Genesis
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La mujer murió en 2008, por lo que ni siquiera había podido ver el primer juicio oral en el que la Justicia condenó en 2009 a la misma pena a los otros dos sospechosos que siempre tuvo la causa: Ramón “Poli” Castel y Gustavo “Axel” Aranda Alvarenga. En esa ocasión, en 2009, Gaby no se sentó en el banquillo porque había huido de la Argentina. Estuvo una década prófugo en España hasta que lo atraparon y enviaron al país.

Teresita no estuvo, pero sí sus otros hijos: Florencia y Rafael, acompañados por los parientes y amigos que siempre los acompañaron. Hubo lágrimas de emoción y alivio. La historia judicial al menos parece haber llegado a su fin.

El fallo contra Gaby fue dictado por los magistrados Gregorio Busse (presidió el debate), Miguel Faría y Juan Manuel Monte. Ellos consideraron que Leal cometió un “homicidio calificado por el concurso premeditado de dos o más personas, alevosía y criminis causa”.

Fue el final de una larga jornada de alegatos, que comenzó a las 8.45 y terminó a las 13.45. Desde entonces y hasta las 17, las deliberaciones para el fallo.

Es la hora de la Justicia
Los cuatro ejes de la familia

El primero en dar sus conclusiones fue el representante de la familia Fraire (actor civil en el proceso), el abogado Martín Ayala. Recordó la tenaz lucha de Teresita por justicia y destacó su solidaridad para quienes habían atravesado el tremendo dolor de haber perdido un hijo u otro ser querido en un hecho violento. Evocó que ella fue la impulsora de la fundación Madres e Hijos del Amor, con la que promovió la creación de una división especial dentro de la Policía para investigar los homicidios y también que se instaure la figura del querellante particular, algo que sucedió años después.

Ayala basó su alegato en cuatro ejes: la certeza de que Leal y sus allegados se dedicaban a robar y a vender los elementos mal habidos; el hecho de que Gaby había contactado a Pablo para ofrecerle electrónicos y una moto a bajo precio con el argumento de que iba a mudarse a España y necesitaba dinero; el convencimiento de que el asesinato lo habían cometido al menos tres personas; y la prueba de ADN que ubicó a Leal en la escena del crimen.

Para argumentar su posición, se valió del relato de testigos, de un informe telefónico, del testimonio del propio círculo íntimo de los sospechosos, del informe de la autopsia y del cotejo entre el material genético extraído de un pelo encontrado en la remera que usaba Fraire al momento del asesinato y el de Leal, que dio más del 99% de coincidencia.

Ayala describió cómo había sido el hecho: Pablo llegó engañado a la calle Francia casi Tomás Guido en la camioneta de la empresa para la que trabajaba. Dentro del vehículo empezó a ser atacado a puntazos. Ensangrentado bajó y corrió alrededor del rodado, dejando manchas rojas en distintos puntos del flanco derecho del rodado. Sus gritos de auxilio los escuchó un poblador de ese sector del barrio Altagracia. Se resistió con todas sus fuerzas, pero desbordado en número, lo redujeron. Mientras uno de los asesinos lo sujetaba y asfixiaba con zunchos, otros dos lo apuñalaban sin piedad. Uno de los cuchillos le seccionó la arteria aorta descendente. Después de eso hubo unos minutos de agonía y falleció. Quedó boca abajo, envuelto en lodo y sangre. Los asesinos le vaciaron los bolsillos y luego huyeron con la camioneta, que apareció abandonada cerca de 115 y Quaranta.

“No tiene sustento la coartada de la defensa de que hubo un solo atacante. Tampoco eso de que Leal y su familia eran presa de una persecución policial. Y el testimonio del abogado Tomás Andino, quien dijo que el día y en el horario en que sucedió el hecho estuvo reunido con Leal, no tiene valor”, consideró Ayala. Apuntó que ese letrado no declaró ni en la instrucción ni en el juicio anterior. Y que en determinado momento de la causa fue abogado defensor de dos de los sospechosos.

El actor civil pidió que declaren la responsabilidad de Leal y adelantó que se anticipaba al pedido de pena del fiscal. Justamente quien habló después de él fue el titular del Ministerio Público, Martín Rau, quien exigió como pena la prisión perpetua para Leal.

“Fueron al menos tres autores, lo dijo la ciencia”

Rau descartó que haya habido una “mano negra” de los investigadores policiales, como sugirió Leal y uno de sus abogados, José Luis Rey. “Los forenses concluyeron que hubo al menos tres atacantes. No lo digo yo, lo dice la ciencia”, ratificó.

Coincidió en la descripción del hecho que hizo Ayala y añadió otros elementos. Apuntó que un auto Fiat Palio blanco fue visto cerca de la escena del hecho, pasadas las 20.30. Y que ese mismo coche había estado estacionado frente a la fábrica de aluminio para la que trabajaba la víctima, a las 19. Es más, de ese rodado bajó un hombre que habló brevemente con Pablo. Y por último, dijo que testigos volvieron a ubicar el Palio cerca de donde abandonaron la camioneta del fallecido.
También mencionó un Renault 11 gris, similar al que utilizaba en ese tiempo Poli Castel, en las cercanías de calle Francia casi Tomás Guido.

Sostuvo que el sábado anterior a su muerte (23 de noviembre) se confirmó que Fraire hizo una llamada desde el telecentro que entonces se encontraba sobre calle Córdoba casi San Lorenzo, en pleno centro. Y que un informe telefónico posterior determinó que desde ese locutorio, a esa hora (21.30) y desde la cabina utilizada por Pablo, se contactaron al número de la casa de Blanca Sequeira, en el barrio Guazupí, donde vivía Leal.

El fiscal Rau se apoyó también en la declaración de Alicia Ifrán (entonces pareja de Aranda Alvarenga), Isabel Piriz (allegada del grupo de sospechosos) y Santiago Sosa (hermano de Ifrán), quien refirieron que el hombre había reconocido que junto a Leal y Castel “se había mandado una cagada”. De hecho, hasta habría confesado la autoría del crimen.

Consideró que el abogado Andino mintió, por lo que pidió que se remitan fragmentos de sus dichos a la Fiscalía en turno para una eventual investigación por falso testimonio.

Rau avaló el cotejo de ADN como prueba contundente contra Gaby. Precisamente este punto fue uno de los más atacados por la defensa de Leal, compuesta por el mencionado Rey y por Eduardo Paredes.

Lluvia de críticas

Rey se mostró muy crítico del oficial Guarda, de quien dijo “armó un laberinto que es este caso”. Cuestionó el informe de la autopsia en cuanto a la cantidad de autores, porque, aseguró, para él siempre fue sólo uno. Dijo que un homicida acuchilló a Pablo, luego intentó asfixiarlo y finalmente le sacó lo que llevaba en los bolsillos. “La elevada cantidad de puñaladas no significa pluralidad de autores”, afirmó.

Su colega Paredes se centró en el ADN. Aseguró que el bioquímico de Buenos Aires Gustavo Penacino mostró “falacia de autoridad”. Apuntó a la afirmación del profesional de que de un pelo puede obtenerse ADN por 40 años. “No aludió a bibliografía alguna. De hecho, en algunas de sus obras escritas hablaba de los efectos causados por la mala conservación de las pruebas. Y en el caso Fraire, la remera donde apareció el pelo se guardó húmeda dentro de una bolsa”, argumentó.

Como Rey, señaló que los forenses hicieron una mala interpretación de las heridas que sufrió Fraire y también fulminó al policía Guarda: “Tiene credibilidad cero”.

 
Paredes pidió la absolución de su cliente, algo que nunca llegó, porque el Tribunal tras deliberar más de dos horas, lo castigó con la pena máxima prevista en el Código Penal Argentino. 

Fuente: noticiasdel6.com

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